Mientras pasamos por la calle o dentro de las edificaciones modernas, es muy común ver rampas de acceso en banquetas, junto a las escaleras, igual que secciones especiales de estacionamiento e instalaciones sanitarias, se sobre entiende la importancia de observar las reglas de uso y respeto que aplican en cada caso y aunque cada vez existen mas y mejores estándares de diseño y reglamentos mas claros, la demanda no esta cubierta ni la necesidad satisfecha, existen miles de millones de personas que por diferentes circunstancias ya sean temporales o permanentes, se encuentran en alguna situación de discapacidad física que complica o compromete su movilidad, se calcula que casi el 20% de la población actual necesita acceso a instalaciones y equipos especiales para acceder y disfrutar de los bienes y servicios que ofrece la modernidad.

La accesibilidad universal incluye no solo la discapacidad física ocasionada por enfermedades, insuficiencias y accidentes, también esta relacionada con personas de la tercera edad, niños muy pequeños, mujeres embarazadas, así como padecimientos temporales que ocasionen complicaciones de movimiento de cualquier índole. Desplazarse libremente por el mundo que nos rodea, por las ciudades que habitamos es no solo un derecho cívico, es una necesidad humana básica, relacionada con la productividad, el esparcimiento y todas las actividades que nos definen como personas.

La arquitectura inclusiva es el primer ingrediente tangible, para contemplar la existencia de todos los demás factores que contribuyen a la integración de instalaciones y servicios que en conjunto facilitan un poco la vida de quien las necesita.