Tijuana, B. C., 9 de febrero de 2018.- La diplomacia surgió desde tiempos remotos. Al inicio, su función esencial era nombrar a un emisario del jefe de las incipientes polis griegas, aunque también fue una práctica desarrollada entre las sociedades prehispánicas de América. Con el tiempo, de vocero personal del gobernante pasó a la representación institucional del Estado. Así, la diplomacia transitó de la exclusividad de la guerra y el trueque a los temas académicos, ambientales, culturales, económicos, políticos y sociales.

Luego de la Segunda Guerra Mundial surgió el “poder suave”, como estrategia para incidir en el quehacer internacional echando mano de la historia, el arte o la cultura. De esta manera, se contrarresta la coerción generada por el “poder duro”, es decir, las acciones militares o condicionamientos económicos.

Así, desde los años 90, la agenda diplomática mexicana se ha posicionado frente al mundo siendo fiel a sus principios de respeto irrestricto a la soberanía de los Estados, solución pacífica de controversias, proscripción del uso de fuerza, igualdad jurídica, cooperación internacional, protección de los Derechos Humanos y su lucha por la paz.

“Yo no conozco la Secretaría de Relaciones Exteriores, más que como se le puede conocer desde fuera; no soy un diplomático…Ustedes han dedicado su vida entera a ello. Se los digo de corazón y se los digo con humildad, vengo a aprender de ustedes, vengo a hacer equipo con ustedes…El reto es enorme, las amenazas ahí están, pero las oportunidades y nuestras fortalezas también son enormes, y una de ellas tal vez la más importante son ustedes…”, este es un fragmento del mensaje que el doctor Luis Videgaray dirigió a sus colaboradores en su primer día al frente de la Cancillería.

En respuesta, medios de comunicación y particularmente las redes sociales, emprendieron una campaña digna del ingenio humorístico de los mexicanos. A muchos les sorprendió, a otros les escandalizó, al resto les ofendió. Sin embargo, como podemos notar en la transcripción anterior, las declaraciones del Canciller se tergiversaron. Una práctica que se ha vuelto muy recurrente con las nuevas tecnologías.

Si bien es cierto, Videgaray no forma parte del Servicio Exterior Mexicano (SEM) -del denominado “de carrera”-, pero en este momento crucial, en el que México se enfrenta a una realidad global donde la economía ocupa un sitio por demás preponderante, su perfil profesional coadyuva en la consolidación de acuerdos internacionales, toma de decisiones políticas y demás asuntos relacionados con el comercio multilateral.

A título personal, para efectos vigentes y futuros, abonaría la necesidad de que dentro de ese círculo de negociaciones se encuentren miembros activos del SEM. Confío en que, de esta manera, se genere un ejercicio de complementación y equilibrio entre las experiencias de los diestros financieros y los maestros de la diplomacia, para empujar la una estrategia que contribuya en el fortalecimiento económico que requiere México para alcanzar un desarrollo integral.

 

Post Scriptum.-  “Toda diplomacia es negocio; todo negocio es diplomacia, y ambos se fundan en un conocimiento penetrante de los hombres y en tacto fisiognómico”, Oswald Spengler.