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La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) define la discapacidad como un término genérico que abarca deficiencias, limitaciones de la actividad y restricciones a la participación.

Por su parte, el INEGI ha clasificado a la discapacidad en tres áreas básicas: motriz, sensorial y mental. En el grupo de discapacidades motrices, están las deficiencias y discapacidades para caminar, manipular objetos y coordinar movimientos. Las discapacidades sensoriales y de comunicación engloban las deficiencias y discapacidades oculares, auditivas y del habla. Mientras que las discapacidades mentales incluyen las deficiencias intelectuales y conductuales que representan restricciones en el aprendizaje y el modo de conducirse.

La OMS calcula que en el mundo existen más de mil millones de personas que padecen alguna forma de discapacidad, y ante ésta situación se han realizado campañas para promover la inclusión de la discapacidad como un componente importante de las políticas y programas nacionales de salud.

Pero te has preguntado ¿cómo sería vivir con discapacidad? Tal vez en algún momento te has fracturado, esguinzado, torcido…. resulta muy incómodo en esos momentos, levantarte y hacer tus actividades cotidianas requieren un esfuerzo extra, depender de la ayuda de los demás puede resultar frustrante, aunque sabes que es temporal.

Ahora imaginemos que esta situación ya es permanente, ¿a qué retos tendríamos que enfrentarnos? Comencemos desde adentro, nuestra autoestima se vería deteriorada, ya que generaríamos dependencia hacia las personas que nos rodean, en el ámbito educativo, las oportunidades de encontrar escuelas con instalaciones adecuadas y accesibles son pocas, el transporte tendría que estar adaptado a nuestras necesidades, las oportunidades laborales son escasas, la infraestructura de las ciudades no está diseñada adecuadamente.

Se ve un panorama muy gris ¿cierto? Esto me lleva a pensar ¿de qué forma podemos apoyar a las personas que sufren alguna discapacidad? Si nos ponemos un rato en los zapatos del otro, podemos generar empatía y ver de forma diferente esta situación.

Es bien sabido que una forma de ayudar a que nuestra autoestima se eleve es contar con una red de apoyo, amigos y familiares que nos recuerden lo valioso que somos, así que el primer paso puede ser brindar nuestra amistad, evitar cualquier tipo de discriminación, respetar los lugares destinados para discapacitados y ¿por qué no? Aprender el lenguaje de señas así como aprendemos un idioma extra.

La buena noticia es que no todo marcha mal, las personas que enfrentan alguna discapacidad han logrado superarse y nos dan ejemplos de vida, en la historia destacan muchas personas extraordinarias como lo fueron Bethoveen, Vincent Van Gogh, Hellen Keller,  Christy Brown, bien podríamos aprender mucho de ellos.

Y la pregunta queda en el aire ¿cómo podemos ser más inclusivos con las personas con discapacidad? Sería interesante conocer tu opinión…