Tijuana, B. C., 6 de julio de 2018.- México tiene 120 millones de habitantes; el INE contabilizó 89 millones de electores, de los cuales 30 millones eligieron a AMLO como presidente, es decir, 25% del total de los mexicanos. Su legitimidad no se cuestiona. Las cifras siempre son un buen referente.

En una contienda democrática necesariamente habrá un ganador y varios perdedores, pero hasta para aceptar la derrota se debe tener civilidad política, así se demuestra nuestra categoría como actores políticos. Los electores expresaron su decisión con sobrada claridad; ante ello, los candidatos y partidos derrotados se enfrentan a distintos y duros panoramas.

En plena campaña, una prestigiada periodista de Tijuana expresó que Ricardo Anaya tiene un perfil que lo podría llevar a ser presidente de México, pero en un futuro. Coincido con ella, pues como diría don Porfirio: “a ese pollo aun le faltan espolones”. Su campaña terminó, tal y como comenzó: mal. Sin embargo, a pesar del desmantelamiento que él mismo causó, el PAN puede recuperarse, ya que históricamente ha sido mejor oposición que gobierno, su prestigio no se encuentra tan deteriorado, además cultivó alianzas estratégicas con partidos de ideologías opuestas. Al tiempo.

Pepe Meade tiene un prominente futuro. La sociedad reconoce en él, a un gran funcionario y hombre honorable, quien no pudo con la pesada losa tricolor. El PRI tiene un gran reto, pues desde su origen se ha desarrollado en el oficialismo y no cuenta con una sólida experiencia desde el otro lado del poder. Mi sugerencia –si me la pidieran– sería asumir una oposición seria, responsable y madura, lo cual le permita encauzar su prestigio. El PRI debe volver a su base ideológica y a su estructura; requiere de modernidad, la sociedad ya no tolera a un partido que más que antiguo, luce anticuado. Al tiempo.

La justicia exige objetividad, por ello debemos aceptar que los candidatos de MORENA no ganaron per sé –algunos son completos desconocidos–, ganaron gracias al efecto AMLO. Tampoco ganó AMLO per sé pues lo tupido fue el voto de castigo al sistema. Un simpatizante del ganador, me espetó ufanamente y con singular alegría: “¡Ganó AMLO! ¡Ganó México!”. López ganó la justa pero México aún no gana, lo sabremos al tiempo.

AMLO ya no tendrá a nadie para señalar más que al espejo. Veremos si le es tan sencillo gobernar como lo imaginó. Por lo que a mí respecta, aun no tiene mi confianza pero le doy el beneficio de la duda.

Mientras tanto, la Fundación Colosio ha lanzado una convocatoria durante julio para integrar su Consejo Consultivo, con miras de revisar la plataforma electoral y el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024, para exigir que cumpla sus compromisos y vigilar el impacto de sus acciones.

La resaca de la elección me recuerda a la Tragedia y la Comedia, el símbolo del teatro griego, llanto y sonrisa, dos caras, dos polos, dos mitades. Igual que el electorado mexicano, la mitad celebra el triunfo de AMLO –o el castigo al sistema–, el resto lamenta el arribo del expresidente legítimo de México.

Post Scriptum.- “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”: Augusto Monterroso.