Tijuana, B. C., 21 de julio de 2018.- Apenas la semana pasada publicamos mi colaboración “quien se lleva, se aguanta” y con su actuar, los morenistas me dan la razón. Si el escándalo del fideicomiso hubiera sido del PRI estarían hechos en un grito, pero como ahora están sujetos a la opinión pública, se asumen poseedores de la verdad y responden a los señalamientos con descalificaciones, amenazas, argucias, incongruencias y burdas justificaciones. Resultaron insolentes, intolerantes, paranoicos, reaccionarios y muy pero muy adelantados.

La voracidad por gobernar evidencia la inexperiencia y falta de tacto político de los lopezobradoristas. Actúan como si les fueran a arrebatar su triunfo, como si temieran no llegar a gobernar; supieron tomar Reforma ante la derrota pero desdeñan la mesura en la victoria.

López y su equipo no tienen recato en exigir hacerse del poder, aun y cuando ni siquiera le han entregado la constancia de mayoría; adiós a la urbanidad. El desconocimiento de la ley y del protocolo queda de manifiesto, un ejemplo de ello sucedió durante la visita del secretario Pompeo, emisario de Estados Unidos, en la cual se aprecia que AMLO le cede el lugar de honor a la bandera estadounidense. No hay respeto cuando aun no se orean las recamaras y ya quieren tomar las medidas de Los Pinos.

Pero en todos lados se cuecen habas, el PRI analiza su modernización de forma y de fondo, con la mira de volver a la base y transformar su imagen pública; mientras, en Baja California comenzaron los movimientos con rumbo a la elección 2019.

La política requiere dignidad y decoro, por ello estoy a favor de que los cargos de elección popular sean renunciables. Me parece codicioso regresar a una curul luego de pedir licencia; si tanto querían servirle al pueblo, ¿para qué se separaron del cargo? La conveniencia y el protagonismo excesivo desprestigian el oficio político. Por eso, pugno porque la ley admita la renuncia irrevocable y motive a razonar bien la toma de decisiones.

La monopolización es una constante en los avariciosos. Personas que al mismo tiempo son diputadas, secretarias de partido, delegadas especiales y candidatas plurinominales. Las consecuencias de ello son evidentes: desprestigio político, concentración de poder, valiosos personajes en la banca, descuido de sus obligaciones primarias y un múltiple cobro de honorarios.